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Copa Mustang


Casado con cucuteña
Sáb 12 de May del 2007 Por José Luis Rodríguez


 

José Luis y Tatiana, un matrimonio embajador-rojinegro

Nuestros lazos enamoran. Las bellas mujeres de Cúcuta siguen colocando 'flechazos!, esta es la historia de José Luis, un rolo que se casó con un cucuteña y ahora vive como un testigo de excepción los triufos del Cúcuta Deportivo.

Somos muchos los colombianos que por una u otra razón, hemos estado lejanos a cualquier tema relacionado con la ciudad de Cúcuta. Más allá de saber que es la principal ciudad fronteriza de nuestro país; que allí se consiguen las cosas más baratas y que a los cucuteños les dicen “toches”, el resto es, o era para mi, algo así como la dimensión desconocida.

Pero me casé con una cucuteña y ahí me adentré en un mundo 'extraño', pero interesante. A mi vocabulario, y a mi paladar, llegaron nuevas palabras como: Las hayacas, los famosos tamales  venezolanos; La 'roja', la deliciosa gaseosa Hipinto que por aquí poco se toma y Los 'Diablitos', un jamón triturado de cerdo que en mi vida había visto y mucho menos probado.

Gracias a mi nueva condición conyugal, el viaje en un bus de Berlinas del Fonce desde Bogotá a Cúcuta, por interminables catorce horas, se hizo realidad. Ojo de ida y regreso. Escuché y empecé a entender los saludos escandálosos, a grito herido entre los cucuteños, su tono golpeado, similar al bumangués pero con un acento bien marcado.

Yo que de alguna manera me he destacado por mamarle gallo a los demás, fui víctima de una saboteada a lo cucuteño, es decir en gavilla y con interminables carcajadas en mi contra. Decir que un cucuteño es montador es redundante, lo son y mucho.

Pero el cambio más radical me tocó en el mundo del fútbol. Soy hincha de Millonarios y lo seré por toda mi vida. Pero en mi nuevo estado empecé a presenciar la aparición de una fiebre rojinegra que constantemente se apoderaba de los que me rodeaban. Una fiebre que se convirtió en locura cuando el Cúcuta Deportivo, ese equipo chico y escaso de triunfos, ascendió de la B a la A. 

En mi casa ver u oír los partidos de Cúcuta se convirtió en norma. Hablar del rendimiento y de los goles del equipo motilón, con mis nuevos parientes políticos o mis nuevos amigos cucuteños, ya es rutina. Ese virus avanzó tanto, que sin serle infiel a mi amado equipo albiazul, empecé sin darme cuenta, a celebrar los goles de Blas, de Macnelly y las espectaculares jugadas del “Burrito” Martinez.

Muchos dirán que es imperdonable traicionar al equipo de nuestros amores, pero estoy seguro que la campañota del doblemente campeón, en el torneo y en la libertadores, tiene al Cúcuta en los corazones de miles de seguidores de otros encopetados equipos. O me dirán que más de uno no hizo fuerza para que el Toluca no hiciera los cuatro goles que necesitaba para eliminar al equipo motilón. Y lo que es más, no quiero ni pensar en lo que pasará si este equipo sigue avanzando en el torneo continental. Seguro que esa fiebre se convertirá en epidemia y se escuchará decir a los cuatro vientos:”Cúcuta es Colombia en la Copa Libertadores”.

Así que señoras y señores, no sólo estoy casado con cucuteña, ahora también disfruto de “tochelandia” y le hago barra a la rojinegra… Que le vamos a hacer. ¡Epa chamo!

   

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